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De goleador impensado al capitán que debe buscar equilibrio adentro y afuera: el nuevo rol de Marcos Rojo en Boca

El goleador de este miniciclo de Hugo Ibarra al frente de Boca es Marcos Rojo. Sí, su marcador central. Y algo más. Porque con la salida de Carlos Izquierdoz, fue el ex Manchester United quien tomó la cinta de capitán y también un liderazgo que deberá encontrarlo con equilibrio emocional en el juego y con responsabilidad fuera de la cancha.

La decisión de Rojo de abrazar a Izquierdoz en el Bajo Flores después de convertir su gol ante San Lorenzo había estado acompañada de una actitud que invitó a pensar que buscaba una expulsión para no enfrentar de nuevo la Bombonera luego del episodio interno que exteriorizó Darío Benedetto en la disputa económica de los premios de Libertadores. Sin embargo, el central asumió toda la responsabilidad. Ibarra lo revalidó como el portador de la cinta. Y Rojo cumplió con eso, aunque sabe que debe continuar en esa línea para lo que se viene de ahora en más hasta el cierre de la temporada. 

Además del tanto con San Lorenzo, Rojo fue quien encaró a Benedetto en el vestuario del juego ante Talleres y le consultó cómo estaba para resolver la situación de los penales. Ahí el Pipa le cedió su sitio. Y fue el hombre finalista en el Mundial de Brasil 2014 con la Selección de Alejandro Sabella quien agarró la posta. En La Paternal, desde la pelota quieta, también había dado señales de una voracidad por el gol que no había tenido hasta este 2022.

Marcos Rojo le entra fuerte a Fernando Zuqui en el partido entre Boca y Estudiantes del domingo en la Bombonera. Foto: AFP

“Marcos está en un nivel muy bueno, está marcando goles, tiene que seguir así. Lo felicité después del partido, es importante lo que haga con los rivales en el área de enfrente, pero me interesa también lo que haga en la nuestra. Le estamos encontrando la vuelta a la defensa”, reflejó Ibarra después del partido ante Estudiantes en la Bombonera. Es que Rojo buscó su tanto en el juego aéreo y lo encontró con un zurdazo al ángulo que no gritó por su pasado en La Plata, pero que consolidó su buen pasar.

En los 55 partidos que tiene en el club -ya ganó dos títulos- acumula 6 goles. Uno lo hizo en la final ante Tigre para ser campeón de la última Copa de la Liga. Y el punto débil está en su vehemencia que lo llevó a estar bajo la lupa del arbitraje (con VAR) a partir del juego constante de brazos que tiene durante el roce con los delanteros rivales, siempre al borde de dejar a su equipo con un hombre de menos. 

Marcos Rojos a los forcejeos con Luciano Lollo. Foto: AFP

Ya ante Talleres fue quien separó a todos sus compañeros de las peleas y quejas constantes con el árbitro. En la noche ante Estudiantes, juntó a Alan Varela, Carlos Zambrano y Juan Ramírez para dar una mini charla para ubicarse y concentrarse en el retroceso del equipo. Es la voz del equipo adentro del once, junto con Guillermo Pol Fernández, quien pareció crecer en responsabilidades en su retorno al club. 

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