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“El 6 de Flandria”: quién es el defensor del ascenso que conquistó a Morena Beltrán y se volvió tendencia en redes sociales

En algún momento, a la periodista Morena Beltrán se la había vinculado sentimentalmente con su colega Juan Marconi. Ella es reservada con su vida personal, casi no sale del análisis futbolero de los principales partidos de todo el mundo, pero en las últimas horas las pistas que rondaban en redes sociales se fueron amplificando y ya tendrían una confirmación: está de novia con el futbolista Tomás Mantía, que juega en Flandria, de la Primera Nacional.

“Prefiero mantener todo con bajo perfil, yo siempre fui muy de mi barrio y a los de mi barrio no les llama la atención verme, entonces no me persiguen con fotos ni nada. Tampoco es que no hago cosas para que no me vean. Hago mi vida tranquila y normal”, respondió Beltrán hace algunas semanas durante una entrevista en la radio Urbana Play.

Pero la periodista apareció en fotografías e historias de Instagram junto a Mantía, y fue el propio defensor central que utiliza habitualmente el dorsal 6 el que habría dado el puntapié inicial del ok, con unos emojis cómplices en una publicación de Twitter.

Es cierto que la foto fue, según Instagram, publicada hace 21 semanas, por lo que el romance vendría hace tiempo y recién habría sido descubierto en las últimas horas.

Y durante el sábado subió la apuesta al colarse con una moda típica de Twitter en el que escribió: “Nombres de pibas fieles: Morena”, junto a un corazón rojo.

Tomás Mantia es un defensor de 28 años que actuó en Alvarado de Mar del Plata -ascendió a la Primera Nacional-, Defensores de Belgrano y y Tiro Federal. Tuvo además un paso por el Pontelambrese del ascenso italiano.

Mantia es hincha de Rosario Central, de hecho en otra fotografía de su cuenta de Instagram se lo ve junto a Beltrán y otros amigos en el estadio Gigante de Arroyito durante el último verano. 

La historia de Morena Beltrán

Nació un 29 de enero -“como Romario”, cuela el dato -. No llegó a vivir episodios folclóricos del fútbol argentino del estilo “señorita, es Gatorei” (Carlos Bilardo simulando tomar champagne), o “lo espero en Segurola y Habana” (Diego a Huevo Toresani), pero YouTube le permitió ponerse al día.

A los nueve años dejó Parque Leloir para vivir en Haedo. Desde el jardín maternal hasta la secundaria cursó en el Instituto Brown de Haedo. Tercera de cuatro hermanos, hija de profesores de educación física, no solo absorbió de esa familia el placer por el deporte, sino “la cultura del trabajo”: “Papá laburaba desde los ocho años, así que a los 12, no por necesidad, pero sí por tradición familiar, tuve mi primer empleo”, cuenta.

A esa edad la foguearon como “ayudante de una colonia”. El natatorio era propiedad de sus papás, por lo que ellos depositaban la confianza en tareas como organizar las meriendas infantiles o tomar lista. El resto de su día Morena lo repartía entre la doble escolaridad y las actividades del club Ateneo Sagrada Familia. Natación, hockey, vóley, acrobacia aérea.

Morena Beltrán de niña

El fútbol 5 llegó a su vida hace apenas unos años. Descubrió que aunque escribe con la zurda, patea con la derecha y que puede cubrir “con felicidad” cualquier puesto de la cancha.

“Nunca me llevé materias. Fui escolta en la bandera. Me gustaba mucho la matemática, además de literatura e inglés. Los cursos eran muy competitivos, muchos queríamos estar en el cuadro de honor y de ahí vengo”, explica. Las primeras grandes charlas futboleras las mantuvo en el patio del recreo con sus compañeros. “No era raro para ellos. La mayoría de los pibes crece sin el preconcepto de ‘no te integro por ser mujer’. El daño te lo inculca el adulto”.

Con la mayoría de edad y un trabajo como administrativa, empezó a estudiar periodismo y a escribir para la página Abriendo cancha. Después, en velocidad, un debut en radio en una emisora de San Antonio de Padua y la antesala a la fama: sus análisis en profundidad en el medio digital Sector bostero.

El trajín laboral de la TV cambió su rutina. Dejó la carrera en 2019 y la terminó en 2020. También emigró del oeste bonaerense para estar más cerca de los estudios de ESPN en Martínez. Estrenó independencia con un departamento en Saavedra. En sus raquíticos tiempos muertos se presta al mundo del canje en redes. “Económicamente puede sumar para que ayude a mi familia”, confiesa.

Marcas de ropa deportiva, de autos, de cerveza, de alcohol en gel, de desinflamantes musculares, de helado buscan a Morena para promocionarlos en ese poderoso bazar visual de la nube. Ella aprovecha el momento, pero ni sueña con un rumbo como modelo. “Lo hago feliz, pero no es mi vocación la foto con un producto. El día que me canse, no lo hago más”.

No hay fútbol en la piel. Los seis tatuajes cuyas agujas traspasaron la epidermis hacen referencia a otras cuestiones. Sus abuelas como recuerdo en los pies (Josefa y Martha), una mariposa en el cuello, un “vamos viendo” en la espalda, un “Why Not” en la mano, un “simbiosis” -hecho junto a su mejor amiga, en la cadera-. ¿El futuro? “Estudiar Filosofía podría ser una opción”.

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