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Massa, el Dr. Si de la Economía

Rarezas criollas. Los ministros de Economía suelen ser el Dr. No. Este es Dr. Sí. Claro, Sergio Massa es político, no economista. Entre la andanada de feriados, que hacen difícil el transporte de los legisladores, y un raro clima amigable que reina en el Congreso, las audiencias de la Comisión de Presupuesto fueron un paseo para el gobierno. Sergio Massa hizo lo que el peronismo no había hecho ni en este mandato ni en los anteriores, que es hacer desfilar a todos los funcionarios de Economía ante los diputados. Y con rarezas para el récord, como el comparendo del presidente del Banco Central, que nunca había ido a discutir el presupuesto al Congreso. ¿Por qué fue? Porque lo pidió la oposición y Massa está en modo “si a todo” lo que le pidan sus adversarios. Hasta mandó a bajar el proyecto de suspensión de las PASO con el cual amenazaba el diputado rionegrino Luis Di Giacomo, que suele expresar los movimientos tácticos que el oficialismo no se anima a protagonizar con gente propia. A la novedad de la saturación de exposiciones de funcionarios en la Comisión, se agrega otra: la mansedumbre de los legisladores a la hora del examen a los funcionarios. Fuera de los reproches clásicos a la audacia de las metas de la economía – fantasiosas en todos los proyectos de presupuesto – nadie rompió el clima. La mansedumbre de la oposición contrastó con la descalificación del programa que normalmente hacen sus economistas. Resignación y aburrimiento. O quizás acuerdos en profundidad que administran clonazepam.

Las venas abiertas de las PASO

Esta semana habrá se tratará la prórroga de esta obra de orfebrería política que es la Ley de villas. El dictamen se aprobó por unanimidad y las partes esperan que ese consenso se traslade al recinto con la misma paz con que la que espera que vaya el presupuesto tan mansamente analizado por los Diputados. Massa necesita todos los votos, por eso Juntos por el Cambio logró lo que pretendía, como también las organizaciones sociales, con quienes se prolongan los pactos de la era Macri. La prenda de canje, como adelantó esta columna, es bajar la suspensión de las PASO, que es objeto de análisis en todas las mesas de arena. El oficialismo puede tener los votos para sacar suspender las PASO en las dos cámaras, pero hay dificultades para tomar la decisión, por el viraje de posiciones en el oficialismo. En 2020 el albertismo estaba a favor de eliminarlas, y el cristinismo quería mantenerlas. Ahora piensan directamente lo contrario. Es consecuencia del cisma interno del gobierno, que le impide una decisión estratégica que conforme a todos. El motivo de la actual disidencia está en torno a las tramas no resueltas de cara a las elecciones. A saber:

1) Es apresurado tomar una decisión sin conocer cómo se dará el juego electoral. Para las coaliciones no es lo mismo ir unidas que divididas. Nada amenaza, por ahora, a la unidad de Juntos por el Cambio ni del Frente e Todos, pese a chispazos que rebotan en las cuatro paredes de los estudios de televisión por cable, pero que no permean hacia el público. Las divisiones entre dirigentes no resuelven nada; las que importan son las que pueden fracturar la unidad en la base electoral. Lo sabe el peronismo, que perdió entre 2019 y 2021 un 40% del electorado que respaldó a los Fernández. También la oposición, que igualmente perdió votos en ese lapso, pero mantuvo su porcentual sobre el total, Retuvo el respaldo de su constituency, que es lo que importa en un país con ballotage.

2) Los actores de la polarización extrema parecen mejor blindados para unas elecciones sin PASO. Sin ese sistema puede sobrevenir una fragmentación de la oferta en la que se destacarían los núcleos duros de adhesiones a Mauricio Macri y Cristina de Kirchner. Sus asesores especulan que ellos pueden tener un porcentaje de adhesión cercano al 20%, que es lo que en 2003 metió en un ballotage a Carlos Menem (24,45%) y Néstor Kirchner (22,25%). Compro ya, dirían Mauricio y Cristina.

3) Es oportuno revisar el prejuicio que afirma que una suspensión de las PASO puede hacer estallar a la oposición. Las diferencias en la cúpula son evidentes en rispideces que afloran con declaraciones como las de Facundo Manes sobre el “populismo institucional” (?) de Macri. O las dificultades para designar un jefe del interbloque de Diputados, que coordina de facto Mario Negri desde su despacho, pero que es conducido por una mesa ampliada.

4) Creer que los dirigentes de JxC no tienen noción del interés de mantenerse juntos es una ingenuidad. En el análisis poselectoral que hizo Jesús Rodríguez – hoy el cerebro del radicalismo – en noviembre de 2021, llegó a conclusiones que siguen siendo válidas: • JxC quedó a menos de dos puntos porcentuales, si se reiteraran los resultados de esas legislativas, de ganar en primera vuelta una elección presidencial.• Si se repitieran los resultados en 2023, cuando se renuevan los senadores de 8 provincias, habría empate con el FdT en la Cámara Alta, 33 a 33, y se convertiría en primera minoría en la Cámara de Diputados. Desde 2015, en cada elección JxC ha aumentado su porcentaje de votos. En aquel año, el diseño de la coalición fue producto de un acuerdo entre dirigentes que ajustaron una agenda ganadora, cediendo a cambio de la unidad. Entre ellos estuvieron Mauricio Macri, Elisa Carrió, Ernesto Sanz, Enrique Nosiglia, Emilio Monzó, Federico Storani, Horacio Rodríguez Larreta y sus satélites. No hay razón para que boqueteros de esa envergadura no vuelvan a producir un acuerdo parecido, que les permita formalizar unas candidaturas que, con PASO o sin PASO, representen al electorado que los hace ganadores seguros en 5 de los 7 distritos más grandes de la Argentina. En 2021, JxC ganó o salió segundo en los 24 distritos.

5) El oficialismo también tuvo en 2019 una mesa de acuerdo que le permitió una unidad virtuosa que los hizo ganar. Hoy tiene fracturados los liderazgos y los separa el programa: el peronismo de Buenos Aires (el cristinismo) repudia la agenda de Olivos (Alberto y Massa). Pero no han perdido la noción de que divididos perderán seguro. En 2022 el gobierno ha declinado banderas y ha tomado como propias las consignas de la oposición: acuerdo con el FMI, baja del déficit, ajuste del gasto, recorte de los subsidios, reconocimiento de la inflación como problema, guerra al malón mapuche, etc. Es la reacción a la pérdida de casi 5 millones de votos que sufrieron entre 2019 y 2021.

La Corte a examen de poder

El nervio de las próximas horas lo va a poner la justicia, conmovida en todos los estamentos, porque el 20 de noviembre asume el nuevo Consejo de la Magistratura de 20 miembros. Es el formato de la ley original, que prevé la presidencia para el presidente de la Suprema Corte. Las quinielas coinciden, hasta ahora, en que el oficialismo podría lograr 11 miembros contra 9 de la oposición. La integración está judicializada y la Corte tiene la oportunidad de manifestar cuál es su criterio en torno a tres cuestiones disputadas:

1) Si el juez Alberto Lugones puede ser candidato a un nuevo mandato (es afín al oficialismo).

2) Si la elección indirecta de un representante de las universidades no viola el principio de transparencia del voto (eso le daría los dos delegados de ese estamento al oficialismo).

3) Si el peronismo puede repetir desde noviembre la jugarreta de una división de los bloques legislativos para quedarse con segundas minorías. Las dos primeras tramas navegan de manera incierta. En la tercera, la Corte puede llegar a objetar esa manganeta que dejó afuera al senador Luis Juez de la representación de una segunda minoría. Es un asunto abstracto, porque su cargo duraría hasta noviembre. Pero la Corte estudia advertir al Congreso que no permitirá desde noviembre que se repitan esas tretas para ampliar poder. La Corte prefiere no meterse en asuntos que debe resolver la política y no le gusta que le lleguen estas causas – sólo el reclamo de Juez está en el alto tribunal. Tampoco a Horacio Rosatti parece interesarle entrar en disputas con este consejo que tiene fecha de vencimiento. Por eso desde julio que no ha llamado a sesión del plenario de consejeros. Al punto de que el presupuesto lo firmaron los consejeros de a uno, y no hubo aprobación plenaria. Uno de los consejeros, que usa barba, bromea: “Tenemos que pedir la averiguación de paradero de Rosatti”. Pero si Rosatti quiere el poder, podrá ejercerlo con fuerza si el Consejo queda 10 a 10 y él desempata.

Macri tiene un amigo radical

La semana de la calma chicha servirá para poner a prueba el ánimo de negociación que le permitirá al gobierno tener un presupuesto en el cual Massa se juega la vida. La oposición se pone hiperactiva en todos los foros que puede. Macri disparó una serie de reuniones apenas regresó de España con los radicales que gobiernan. El jueves lo visitó Rodolfo Suárez de Mendoza. Seguirá otro gobernante, que no es Morales (todavía). El encuentro con el mendocino fue un clásico diálogo entre políticos, especie que cuando se junta nunca habla de política. Charlan de la vida, de los viajes, del mundo, de Ucrania, de la economía. De política (- i.e. lucha por alcanzar, mantener y perder, o no, el poder) ni una palabra. Y menos de las inquinas de superficie, como las sagas de Manes o Milei, que le levantan el precio, en este caso, a Macri. “-Estoy lejos de las cosas del partido; lo mío es la gestión”, suele responder “Rolo” cuando lo llevan a ese terreno resbaladizo. Fiel al tipo de encuentro, con Hernan Lombardi de celestino, Suárez aceptó la invitación de Macri a la presentación del libro “¿Para qué?”. Pregunta que “Rolo” se cuidó de no formular. Sería hablar de política, y los políticos no hablan de política.

Bajando retratos; le tocó a Yrigoyen

Para pacificar las relaciones con los radicales orgánicos, como Morales o Lousteau, que tomaron distancia de las frases de Manes sobre el expresidente, Macri se ocupó de que trascendiese una expresión sobre el populismo dicha en una actividad madrileña con Mario Vargas Llosa en el coqueto Nuevo Club Madrid, de la calle de Cedaceros: “El año que viene, el país que inventó el populismo con Evita y Perón, tal vez sea el primero en sacárselo de encima y lo exporte al mundo, que está abrazando al populismo con mucho entusiasmo”. Para el juego, ¿cuál es la diferencia con frases anteriores? Que bajó de esa acusación al retrato de Hipólito Yrigoyen. Macri estuvo de paso en un cóctel que le ofrecieron los conservadores de la Fundación Libertad, pero dejó baquianos en asuntos argentinos – Gerardo Bongiovanni, Darío Lopérfido, Miguel Ángel Cortés, el diputado cordobés Gustavo Santos – para que expliquen qué es el peronismo y por qué Macri fue candidato en 2003 en alianza con PJ de Eduardo Duhalde. Incluir en un mausoleo del oprobio a Yrigoyen, un mito radical incuestionable, le costó peleas gratuitas con los radicales, que en fondo lo quieren más por conveniencia que por amor. ¿Le responderá Miguel Pichetto el miércoles, cuando producirá un show de gran orquesta en el salón del sindicato de gastronómicos de la CABA? Será la presentación de los dirigentes de 24 distritos que articula a su partido, el Encuentro Republicano Federal. Este sector forma parte de la mesa de JxC, pero le reprocha a Macri sus merodeos por el túnel del tiempo detectando populistas peronistas. “- Nos complica en la tarea de reclutar peronistas no cristinistas”, se queja la cúpula del peronismo republicano

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