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En pánico por la crisis, en el Gobierno presionan a Cristina y Alberto Fernández para que den señales concretas de unidad

“¿De dónde salió eso? ¿Quién lo está diciendo? ¡Es una locura! Es dejárselas picando (a la oposición) porque van a decir que primero nos tenemos que poner de acuerdo nosotros. Y tienen razón”. Un alto funcionario del Gobierno se apuraba por intentar apagar las versiones que, al cabo de una jornada donde el dólar volvió a tomar impulso, desde un sector del oficialismo dejaban trascender respecto a la necesidad de convocar a un acuerdo con todo el arco político con el objetivo de calmar a los mercados.

Los rumores, que se gestaron a partir de que el gobernador bonaerense Axel Kicillof, siempre uno de los más combativos con Juntos por el Cambio, admitiera que el Gobierno necesita “ayuda de la oposición”, reabrieron el debate interno en el Frente de Todos respecto al funcionamiento en la cúpula.

El reclamo para que surjan desde allí “señales concretas” de unidad se repite cada vez más entre los funcionarios con cierta capacidad de abstracción del pensamiento y opinión de sus jefes. En alerta por la crisis, sólo los habitualmente más fanáticos se mantienen imperturbables: hoy la mayoría opta por evitar repartir culpas hacia el otro bando de la coalición. “No es momento de internas, es momento de apoyar y tirar todos para el mismo lado”, planteó a Clarín un funcionario que hasta hace poco se deshacía en críticas a la vice. Desde el kirchnerismo la postura es similar respecto a Alberto.

En cualquier caso, sí está la percepción de que faltan gestos de la política a los mercados.

Tras el reencuentro de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que no redundó aún en una foto de unidad, el hermetismo en torno a las reuniones fue creciendo. Sobre todo porque, por estricta exigencia de la vice, su contenido no se filtró como en otras ocasiones. Y porque el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el otro participante de esa mesa, tampoco da demasiadas señales: cuentan opositores que lo frecuentan que en sus habituales charlas institucionales -y subterráneas- con el tigrense no logran descifrar qué pasa en la cúpula del poder. “A veces parece que está todo bien y que ya cerraron (acordaron) porque se la vieron negra y a veces parece que está todo roto”, contó un interlocutor opositor.

En el oficialismo esa falta de señales inquieta. No tanto por lo político partidario, porque ya se acostumbraron a convivir con las internas, sino por el impacto que puede tener un desborde de lo económico En ese sentido, la accionista mayoritaria del oficialismo guarda sugestivo silencio ante los movimientos de la ministra de Economía, Silvina Batakis. Eso que inicialmente fue interpretado como un gesto para permitirle avanzar sin presiones con sus primeras medidas a casi tres semanas de la asunción abre interrogantes y esmerila la confianza de sectores de la economía en relación al respaldo con el que cuenta.

Alberto Fernández en Berazategui. Foto Andres D’Elia.

El fantasma del vacío que sufrió su antecesor, Martín Guzmán, hoy sobrevuela cada paso que da Batakis, cuya figura ya sufrió en tres semanas todo tipo de señalamientos: de decirse que fue ungida e impuesta por Cristina, a este presente en el que el kirchnerismo ya no oculta críticas y hasta el propio Fernández se anima a exponer que no hace nada diferente a lo que hacía Guzmán.

“Alberto el otro día dijo en Pila que el (espacio político) que gane en 2023 se queda 15 años. Yo también creo que si pasamos el invierno esto levanta. Se termina la demanda de energía y se acomodan las variables. Pero así como está todo ni siquiera a septiembre”, es el crudo análisis que hace un ministro que puede ser encolumnado entre los más moderados del Gabinete.

La ministra de Economía, Silvina Batakis

¿Qué deberían hacer Alberto y Cristina según quienes reclaman “señales”? Lo explica, con discurso casi de barricada, un histórico dirigente del peronismo con buena sintonía con ambos: “No sé si una foto, no creo que los mercados se calmen por una foto que ahora sabemos todos que se va a decir que es forzada. Pero si trabajan juntos, si están trabajando las medidas como creemos, debería quedarle claro a todos. Incluso a los que nos quieren sacar del Gobierno y hacen todo por desestabilizarnos”.

El análisis es compartido entre gobernadores e intendentes del Conurbano que con sutileza comienzan a desmarcarse. Uno de ellos asegura que se lo hizo saber al jefe de Gabinete, Juan Manzur, y al ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, no en los mejores términos. “Le dije que nos tenemos que dejar de hinchar las pelotas. Mi gente no nos va a dejar de votar si no reformamos la Corte (Suprema de Justicia), pero el día que no tengan para comer me patean la puerta”. Para muchos el abismo está cerca.

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